A CELEBRAR MI CUMPLE EL MISMO DÍA DE MI MUERTE
- Felipe Herrera Millan

- 13 ago 2025
- 3 Min. de lectura


Cada vez que celebro mi cumpleaños me entran unos ardores de las picaduras de los piojos en todo el cuerpo y luego el desesperante escozor me empieza a empeorar, por eso me pica aquí y voy arrascarme allá en medio de la mugre que se ha multiplicado los piojos y las pulgas y, ahora están pululando por toda la residencia de ancianos. Hay reunión y he llegado puntual, una de las activistas ha tomado la palabra, a penas vivos quedamos unos cinco o seis viejos, enfermos y con piojos. Quedamos muy quieto, escuchando a las peligrosas la forma y manera que aspiran a derribar a la tiranía, la que estaba a mi lado olía a jazmín, un perfume que no es de aquí, que todo es un hedor a mierda, Nieve ya tiene un año más que yo, y hay que cambiar el pañal que se ha vuelto a cagar en plena reunión y me parece que estaba tratando de joderme mi cumpleaños , las otras permanecen sentadas en sus sillas de ruedas, parecen dormidas , vete a saber si duermen o están despiertas escuchando con gran atención, las tripas me están sonando y lo único que nos han dado para desayunar es un yogur y con gran atención los ruidos repetidos, descubro que podía llegar a discernir la exacta procedencia; es una sensación peculiar de cuando escuchaba los discursos de Fidel como si los oídos se hubieran convertido en ojos. De vez en cuando, vienen las flatulencias, menos mal que no huelen a nada, los quejidos y las mismas maldiciones que llenan el espacio vacío de la residencia. Después de escuchar durante una hora a las abuelas peligrosas, oía el ruido sordo de una anciana contra la silla de ruedas. Había otro ruido extraño, un murmullo furioso y exclamaciones en breve de Fina que también tiene tres años mayor que yo, la abuela de Clara que nunca quiso irse de la isla de Cuba, no tenia noción del tiempo, los orines, el vomito y las heces yacían y cuando pensaron que ya no podrán soportarlo más dejaron el discurso y bajaron por la escalera, maldiciendo con fuerza el lugar. A qué han venido? Pregunto la cumpleañera sorprendida, que no llevaba ropa alguna y empezó a vomitar en seguida peor que nadie. A la entrada del pasillo no había luz pero se podía ver cómo se despedían las abuelas peligrosas de las otras viejas cagadas y piojosas. Se buscan a otras ancianas y vecinos del pueblo para comerles la cabeza que vienen a salvarnos de la miseria e ideal para jubilarse en la más barata residencia. En un momento una de las ancianas nos comunica que hay un grupo de gente frente a la residencia en una nueva manifestación , al ver este espécimen griterío como locos viendo como se peleaban entre ellos por un pan con bistec. Aún con ese griterío en los oídos, llegaron más muchedumbre que aullaba y saltaban para evitar que se les colara en la cola de la repartición, muchos son jóvenes que se apuntan solo a la manifestación para tener derecho al pan con bisté; no podía entender cómo esos jóvenes se prestan a esto, total lo que estaban pidiendo libertad para nosotras pensando que las abuelas peligrosas habían venido sólo del extranjero para lavarnos el cerebro, secuestrarnos. Hay te das cuenta de que no tienen cerebro. La del cumpleaños no tuvo tiempo de pensar más en ello, porque de repente se encontró con unas sudores y fatigas que la llevaron al descanso eterno. Murió el mismo día que nació.
Ahí lo dejo.




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