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QUIÉN LO SALVÓ DE LA MUERTE? MISTERIO SIN RESOLVER

  • Foto del escritor: Felipe Herrera Millan
    Felipe Herrera Millan
  • 4 sept 2025
  • 2 Min. de lectura

Hemos visto la entrada del cuerno por el orificio anal y desde entonces no puedo dar un resultado sin pensar que, quizás, no todas las cogidas se puedan quedar con vida. Algunos se salvan, más son algunos pocos como este paciente, de los que seguramente se van. Cuándo revise la imagen y la aplicación de la entrada del cuerno por el orificio anal, había un desgarro fulminante de las mucosas , estaban muy dañadas y, en un punto agudo. He visto más cogidas de lo que cualquiera podría imaginar; desastres de cuerpos irreconocibles. Con el tiempo aprendí a separar la carne del recuerdo, a ver cada cuerpo como un objeto de estudio. En quirófano es la única manera de conservar la cordura. Pero nada me preparó para lo que ocurrió en el tratamiento de aquella corrida. Era media tarde cuando me trajeron el cuerpo en la enfermería de la maestranza de la plaza de toros de Venta en la comunidad de Madrid, me trajeron un cuerpo destrozado con abundante hemorragia anal; un hombre de unos treinta años, víctima de la cogida de un toro bravo. Tenía signo de ello, salvo una expresión extraña en su cuerpo, como si hubiera muerto aterrado por algo que nadie más podía ver. El quirófano estaba en silencio absoluto, iluminado solo por el resplandor de la luz blanquecina de las lámparas de la mesa de operaciones, y la luz de la lámpara empezó a dar luz más fuerte—y comencé con el procedimiento de la operación, las mucosas anal dañadas, todas a la misma vez comenzaron a temblar más fuerte, como si vibrara con una frecuencia distinta. Fue entonces cuando ocurrió que de aquel orificio salió una sombra densa, como humo negro, pero como una consistencia más. Se elevaba despacio como desprendiéndose del orificio abierto. No tenia forma al principio, pero pronto adquirió un contorno humanoide; un reflejo exacto del paciente sobre la mesa. Me quedé paralizado, la sombra abrió los ojos, y dos huecos brillantes como brazas, y me miró directamente, las piernas me temblaba y las pocas herramientas cayeron de mis manos, la entidad se inclinó sobre mi. No tenia boca pero escuché una voz clara en mi cabeza, un susurro gélido que repetía una sola frase; no debería abrirme e intenté retroceder pero mis piernas no respondían. La sombra extendió un brazo hacia el paciente y, para mí horror, volvió a meterse dentro del agujero anal, como si nunca hubiera salido. El paciente que debería estar dormido por la anestesia, se incorporó levemente en la mesa soltando un gemido ahogado. Los monitores apagados emitieron un sonido agudo, imposible como si estuvieran encendidos. Un segundo después el paciente cayó en la mesa en silencio absoluto. Cuando revisé el orificio ya no estaba dañado. Desde entonces no me cabe duda de que el paciente llegó cadaver a la mesa de operaciones y la pregunta queda en el aire; quien lo salvó de la muerte? , misterio sin resolver.


Ahí lo dejo.

 
 
 

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